Llevo años practicando mindfulness bajo la enseñanza y supervisión con el que fue mi terapeuta en Alicante ( José Brotons ) . Mucho antes de que se pusiera de moda, como en estos tiempos, aprendí la práctica de la atención plena como herramienta complementaria a los trabajos personales necesarios para obrar el cambio en mí, cambios de estados emocionales, de rumias, de pensamientos negativos, cambios conductuales, relacionales. Vamos, una reconstrucción de mi edifico psíquico de arriba a bajo o viceversa.

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La práctica meditativa la puede hacer cualquier persona. Pero dependerá de su estado interior y exterior, contextual, relacional y existencial el cómo le irá esa meditación. No no quedemos hipnotizados por la palabra mindfulness, no es nada más que eso una palabra, no es nada mágico: Sólo hace referencia a un camino de prestar atención a lo que está sucediendo en el instante presente, dentro de nosotros, y afuera de nosotros, con apertura, exposición y aceptación de todo ello, sin evadirnos, sin juzgarlo. Volvemos a conectar con nuestro cuerpo, con nuestros sentidos, con la respiración, el aire que nos rodea, la gravedad, los sonidos.

Y durante la práctica descubrimos el Río que Nos Lleva en forma de continuos pensamientos; descubrimos el parloteo incesante de la mente, la miríada de palabras, la proyección permanente de imágenes, ideas, juicios, valoraciones, es la conocida por mente de mono por los instructores.

Descubrimos como reacciona nuestro cuerpo a esas ideas, recuerdos del pasado, preocupaciones de futuro, sentimos las sensaciones físicas asociadas al miedo, ansiedad, ira, tristeza, agradecimiento, amor.

Hacer Mindfulness fuera de un contexto psicológico sin asociar a conocimientos de alguna terapia integrativa como la de Aceptación y Compromiso, en mi experiencia suele tomar direcciones equivocadas o en contra del propio espíritu de la meditación bien entendida ( y practicada) .

Es decir estoy viendo cómo en muchas ocasiones la práctica mindfulness se está presentando como una panacea que vale para todo, casi como tocar el paraiso en la tierra. Parece como si fuera la última medicina que una vez tomada, estaremos libres de sufrimientos, y todos nuestros problemas personales, relacionales y existenciales desaparecerán.

Un practicante de Mindfulness se está vendiendo como si fuera una especie de superman, inmune a los problemas de la vida, capaz de dejar la mente en blanco, librarse de los pensamientos negativos, y dejar de experimentar emociones difíciles o desagradables. Nada más lejos de lo que significa la práctica de la atención plena.

Aun peor , parece que algunas empresas y corporaciones intentan colar el mindfulness como recurso entre sus trabajadores para superar el estrés y … hacerlos más productivos. Hay toda una polémica abierta al respecto en Estados Unidos.

En realidad la práctica de la contemplación, como la denomina Alan Watts, permite el re-descubrimiento de nosotros mismos, por darnos cuenta de la esclavitud que llevamos desde que somos infantes, tenemos un nombre, una identidad, un ego, una idea de nosotros, un IDEAL de cómo deberíamos ser. La meditación nos coloca en el papel del observador imparcial (no juzgar durante un rato) y dejar que todo suceda EN nosotros , dentro, y aceptando todo lo que sucede FUERA, los demás, el mundo, la vida. Y descubrimos que podemos coger (tomar para los argentinos) distancia de nuestra mente, de sus valoraciones, juicios, sentencias, opiniones. Que no siempre tiene razón y que podemos ESCOGER diferentes respuestas tanto sobre esos pensamientos como de las reacciones emocionales que suelen responder o venir condicionadas por esos mismo pensamientos

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